Seis meses en el edificio azul (2026) y toda una vida de recuerdo
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima
Seis meses en el edificio rosa con azul es el trabajo más reciente del mexicano Bruno Santamaría Razo, quien emplea una mezcla entre documental y ficción, así como drama con toques de comedia, para adentrarse en una de las heridas más grandes de su familia y reflexionar al respecto (nunca de forma torpe o educacional). Esa mezcla de géneros la vemos reproducida también al inicio, donde a los asistentes a la fiesta de cumpleaños del pequeño Bruno (otro y a la vez el mismo) les pintan la cara como si fuesen del género opuesto.
De pronto, se anuncia el diagnóstico de SIDA del padre y la noticia se vuelve un yugo que toda la familia arrastra, una nube negra que los cubre siempre. Una probabilidad funesta choca de lleno con Bruno, quien se reconoce homosexual y es azotado por los prejuicios que rodean la supuesta enfermedad de su padre. Aun así, tanto al personaje como a la película les caracteriza su ternura e inocencia, que contrasta con la dureza de la posible muerte.
La película abre con un retrato documental de la madre del director y salta rápidamente a la reconstrucción de una memoria casi táctil grabada en 16mm y llena de vida, desde los diálogos, la dirección de arte y la atmósfera de fiesta. Esa inocencia de Bruno ante la eventual desaparición del padre recuerda un poco a otra cinta mexicana, Tótem (2023) de Lila Avilés. Al ser los momentos documentales los más estáticos y serios, pareciera que la gracia y color de las partes ficcionales se hacen extrañar, pero resultan complementarse de buena manera.
A través de su yo del pasado, Santamaría Razo indaga en ese dolor que extendió con creces la grieta de la familia, tanto que dejan de compartir el hogar y el plano. Regresamos al documental y las entrevistas son separadas cuando antes bailaban pegados y alegres en la ficción. Pese a la tristeza, pareciera que la cinta abraza al pequeño protagonista (y, por consecuente, al director ya adulto) y le dice al oído que todo estará bien.
En esta línea, por más que la madre pinte las paredes de la habitación y pareciese que borra los dibujos de Bruno y su mejor amigo (es decir, manifestaciones de su identidad), nada es olvidado. Todo sigue con vida y la película es muestra suficiente de la permanencia del recuerdo. Cabe resaltar al elenco (un par ya viejos conocidos del cine de Nicolás Pereda), tanto adultos como niños, y una escena puntual donde los dos niños comparten un sueño sobre Romeo + Julieta (1996) de Baz Luhrmann
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima

