Cobarde: teatro y trincheras

★★★★
RATING 4 / 5

Fuente: 30 Festival de Cine de Lima

Título Coward
Duración 125M
País Bélgica, Francia, Países bajos
Año 2026
Dirigido por Lukas Dhont
Cast Emmanuel Macchia, Valentin Campagne

Lukas Dhont arranca su nueva película con la inocencia de los jóvenes que morirá con ellos: la cámara inicia en Pierre y gira por las caras de sus compañeros para volver a él, todos cantan, todos ríen. El viaje en tren hacia la guerra y la catástrofe (también psicológica) parece ser solamente de ida. Rápidamente se nos presenta a la “tropa de los abandonados”, aquellos heridos que, al no poder luchar, se encargan de entretener a los demás. Las miradas de Pierre, quien acusa de cobardía a unos desertores, empiezan a caer sobre esa vía alterna a los disparos.

Las escenas iniciales revelan al montaje como una de las armas de la película a medida que saltamos en seco de la algarabía de los soldados a sus esfuerzos para cargar a los heridos y tirar a los muertos en fosas. Basta con un par de planos; la pérdida de inocencia es narrada de golpe con la rapidez de una bala que atraviesa a un compañero. Otro gesto clave de Dhont: salvo una escena donde los arrollan a golpes arengados por una canción, nunca vemos a los enemigos. Esa otra fuerza militar solo existe en el espacio en off. El verdadero rival, entonces, está dentro.

Los soldados, aquellos “héroes” que dan su vida por su patria y representan una figura de hombría máxima, están en constante demostración de virilidad y temple. Es decir, de reafirmar su género. Ahí juega el cineasta belga no solo con lo masculino y femenino, sino también con lo cinematográfico, pues en medio de lo bélico desliza un romance melodramático con momentos musicales. No es casualidad, entonces, que la aparición de Francis sea haciendo las veces de mujer embarazada.

Fuente: 30 Festival de Cine de Lima

Este personaje de rasgos órficos, misteriosos y seductores (y con una herida a la altura del corazón) se vuelve blanco de las miradas tímidas de Pierre, cada vez más inclinado al teatro como escape de la trinchera. Francis se trasviste y es esa “feminidad” la que lo salva siempre de la muerte. La primera presentación musical provoca risas de los soldados, pero rápidamente se transforman en lágrimas y rostros afectados. Dhont retrata la importancia del arte (y del atrevimiento) como resistencia en medio de un mundo en guerra.

En esta línea, hay una escena hacia la segunda mitad de la película donde la “tropa de los abandonados” hace que el resto del pelotón griten y celebren con ellos, preparándolos para la muerte, mientras al fondo revientan cañones. La melodía de la canción va mezclándose con los gritos y las explosiones y lo que empieza como atmósfera sonora termina en imagen hecha contraste: en primer término, los soldados belgas; en segundo, la humareda enemiga, la violencia.

El romance entre Pierre y Francis está sujeto al backstage, a lo que no solemos ver, a lo oculto. Así, la relación progresa a escondidas y como una pausa cálida en medio de la sangre y los disparos. En tal sentido, Pierre le propone las montañas para escaparse juntos, y estas hacen las veces de algún lugar donde no serán juzgados bajo las ideas marciales y moldes de masculinidad que oprimen al resto. Las montañas son ese espacio allá afuera, ese lugar soñado (o imaginado) donde los amores disidentes encuentran posibilidad y cobijo. El backstage que sugiere Dhont no es solo teatral. Así es la vida misma.

Una de las escenas más cautivadoras de la película presenta a Francis siendo acosado por uno de los altos mandos militares en medio de una presentación. Pierre va a defenderlo y cuando uno esperaría golpes o gritos, elige burlarse de la rigidez del otro militar. Es a partir de la fragilidad de la masculinidad que alcanza una pequeña victoria. Así, la pregunta sugiere la obvia pregunta acerca de la cobardía del título, pero ¿no es profundamente corajudo sacar a flote una relación homosexual en tal contexto? El epílogo abre las puertas a esa montaña soñada donde la cobardía no es otra cosa que felicidad. Ojalá.


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Gustavo Vegas

Crítico de cine, comunicador audiovisual y fanático de las películas de vaqueros. Su primer cortometraje pasó por diversos festivales nacionales. Se encuentra trabajando en otro, desde la coescritura y codirección.

@corduroygos | @vicio.propio

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