Paper Tiger: La ilusión del control
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima
James Gray vuelve a mirar hacia aquello que ha recorrido durante buena parte de su filmografía, la familia, los hermanos, la culpa, el crimen y esa idea tan americana de que todavía existe alguna forma de escapar de las circunstancias que nos rodean. Paper Tiger puede entenderse como una continuación espiritual de Armageddon Time, no solamente porque ambas parten de una experiencia profundamente personal del director, sino porque en las dos existe una mirada hacia la formación de una identidad dentro de un entorno familiar y social que comienza a revelar sus propias grietas. Si en Armageddon Time Gray regresaba a su infancia para observar cómo la clase, la ambición y las decisiones de los adultos terminaban moldeando a un niño, aquí vuelve a esa misma sensibilidad desde otro momento de la vida, cuando ya no se trata de aprender cómo funciona el mundo sino de intentar sobrevivir a las consecuencias de haberlo entendido demasiado tarde.
Ambientada en el Nueva York de 1986, la película sigue a Irwin y Gary, dos hermanos que parecen ocupar lugares completamente distintos dentro de la misma familia. Irwin es un hombre de clase media que observa con cierta frustración cómo los demás parecen avanzar más rápido que él, mientras Gary, antiguo policía y mucho más seguro de sí mismo, construye una imagen de hombre capaz de resolver cualquier problema. Gray utiliza esta diferencia para recuperar una de las constantes más interesantes de su cine, esa dualidad entre dos personajes que se necesitan incluso cuando parecen empeñados en demostrar lo contrario.
Lo interesante es que Gray nunca presenta el crimen como algo completamente externo a sus personajes. La amenaza aparece poco a poco, casi como una contaminación que se introduce en una vida que hasta entonces parecía relativamente estable. Gary cree conocer las reglas de ese mundo y confía demasiado en sus contactos y en su capacidad para moverse dentro de él, mientras Irwin intenta convertirse en aquello que cree que su familia necesita. Sin embargo, ambos terminan descubriendo que la sensación de control era una ilusión. El título funciona precisamente desde ahí. Todos son una especie de tigre de papel, figuras que proyectan una fortaleza mucho mayor de la que realmente poseen y que comienzan a deshacerse cuando las circunstancias dejan de responder a sus expectativas.
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima
En medio de todo esto aparece Hester (Scarlett Johansson), y con ella la película adquiere una dimensión mucho más íntima. Su historia relacionada con la enfermedad introduce una preocupación que Gray ya había explorado anteriormente y que conecta de manera especialmente evidente con su propia experiencia familiar. El cuerpo se convierte entonces en otra superficie donde aparece aquello que los personajes intentan ocultar. Hester sostiene una imagen de estabilidad mientras internamente se encuentra cada vez más quebrada, y la película encuentra ahí una de sus metáforas más fuertes. No todo aquello que amenaza a una familia llega desde afuera. A veces aquello que termina destruyéndola ya estaba presente y simplemente nadie quiso mirarlo de frente.
La película alcanza su mayor intensidad cuando esa acumulación de tensiones finalmente deja de poder contenerse. Gray demuestra nuevamente que entiende el suspenso no como una sucesión de grandes giros sino como una espera cada vez más insoportable. La secuencia final es especialmente poderosa porque transforma todo lo que habíamos visto anteriormente. El crimen, los hermanos, la paranoia y la necesidad de proteger a la familia terminan concentrándose en un momento de violencia filmado con una precisión extraordinaria. Gray construye ese espacio y utiliza el sonido para llevar la tensión hasta un punto casi insoportable. Hay una dimensión especialmente triste y crepuscular en este momento, porque ya no estamos viendo a personajes intentando escapar de su destino, sino a personas comprendiendo finalmente el precio de sus decisiones.
Paper Tiger termina consolidándose como una de las expresiones más personales del cine de James Gray. La película termina revelándose como un relato sobre la familia, el sacrificio y esa necesidad tan humana de creer que todavía podemos proteger aquello que amamos. Gray vuelve a hablar de familias que intentan mantenerse unidas mientras las circunstancias las empujan hacia lugares cada vez más difíciles, y encuentra en sus personajes una profunda humanidad, especialmente en aquellos gestos de lealtad y sacrificio que solo adquieren verdadero significado cuando ya no queda nada más que hacer.

