Retrospectiva Kleber Mendonça Filho: cine, territorio y memoria
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima
La edición n.° 30 del Festival Internacional de Cine PUCP albergará una clase maestra del aclamado cineasta brasileño Kleber Mendonça Filho, así como una muestra de tres de sus largometrajes. Aquí un breve repaso por una producción cinematográfica que ha atravesado distintos géneros, formatos, décadas y más.
A inicios de los años 90 empieza a dirigir diversos cortometrajes y a partir del primero (Travelling) se puede advertir el camino de su filmografía: comienza desde abajo (un subterráneo), va en ascenso y regresa al origen. Asimismo, reemplaza los sonidos de alrededor por música que enfatiza tanto la influencia como el choque de la cultura estadounidense en su obra.
Tal cual el anterior, su segundo corto, Homem de Projeção (1992), inicia abajo y se eleva para encumbrar a Seu Alexandre, proyeccionista que, tras más de 40 años detrás de la pantalla, se encuentra por primera vez frente a ella. En la misma línea, Casa de Imagem (1992) narra cómo los cines, en calidad de templos antiguos, son víctimas del deterioro y olvido. En este corto documental se siembra la semilla de Retratos Fantasmas (2023).
Tras jugar con el thriller y el terror en Enjaulado (1997) y A Menina do Algodão (2002), carrera tomó otro vuelo con Vinilo Verde (2004), donde emplea fotografías al estilo Chris Marker para narrar un tránsito ineludible donde una madre pierde movilidad a medida que su hija gana autonomía y, como el planeta, el disco sigue girando; es decir, sucede una y otra vez. El daño causado por un aparato tecnológico en la conexión humana se repite en Eletrodoméstica (2005): donde antes había un tocadiscos, ahora reina una TV moderna.
Luego de evaluar los dilemas de sus colegas sobre la división entre obra y artista, el estado del cine y más en Crítico (2008), su primer largometraje, regresa al formato corto con Recife Frío (2009), obra clave donde su crítica social, disfrazada de falso documental, toma una forma clara. Además, plantea la idea de perder un elemento que construye identidad y recuperarlo con otro.
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima
Sonidos del barrio (O Som Ao Redor, 2012), su primer largo de ficción, alberga varias claves de su filmografía y ofrece una mirada tanto fresca como analítica de la transformación de su natal Recife a medida que el crimen crece junto al boom inmobiliario y surge una empresa de seguridad que trae consigo más dudas que certezas. Antes que protección, los vecinos empiezan a experimentar distintas tensiones (como un joven con su primo ladrón y una chica cuyo némesis es un perro ruidoso).
Mendonça Filho construye una atmósfera donde todo transcurre con aparente tranquilidad, pero siempre con la sensación de que algo está a punto de pasar. Así, vemos escenas propias de un thriller hasta llegar a un enfrentamiento con un tiroteo metafórico donde toda esa tensión estalla y ni los nuevos edificios con sus rejas interminables ni los modernos sistemas de seguridad la pueden contener.
Su siguiente filme muestra a una implacable Sônia Braga, la última residente de un antiguo edificio, en una lucha constante contra una empresa inmobiliaria. Aquarius (2016) se detiene en los recuerdos que contienen los objetos y los lugares, como el vinilo de John Lennon o ese mueble que significó algo importante generaciones atrás y con suerte lo hará también en el futuro. Allí donde antes hubo fiesta, ahora queda una mujer decidida a combatir esta nueva “enfermedad” que, como en su pasado, la consumía desde adentro. En su resistencia, ella es el edificio; ella es la memoria.
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima
En 2019 estrena Bacurau, una suerte de wéstern donde un pueblo que llora la muerte de su matriarca ha de defender su territorio de nuevos colonizadores estadounidenses que llegan con un escuadrón de muerte y platillos voladores. La figura de desaparición se hace más tangible cuando dejan de aparecer en un mapa de GPS. Así, Mendonça Filho hace uso de un bagaje cinéfilo para ofrecer un deleite lleno de violencia y resistencia.
El enfrentamiento hace que Bacurau se sienta más que nunca una comunidad: se unen vecinos enemistados, rechazan al político corrupto y un pequeño grupo LGBT+ tiene un rol vital en la defensa del pueblo. La lucha por no quedar sepultados en el olvido toma lugar también en el museo de la localidad y los simbolismos se hacen cada vez más directos, como aquel final donde entierran ese adverso pasado colonial y defienden su existencia (o persistencia) tanto en el mapa como en el terreno real.
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima
Retratos Fantasmas (2023) cosecha los frutos sembrados en Casa de Imagem (1992) en tanto hace un recorrido histórico y geográfico por los cines de Recife. Mendonça Filho presenta al cine, el lugar físico y el arte, como un segundo hogar en el cual se ha refugiado por décadas. Asimismo, reflexiona sobre su propia obra y cómo ésta surge desde su casa, su familia, sus amigos y más. Mientras evalúa los cambios en la ciudad, la nostalgia invade al documental y revive a esos fantasmas del título.
La faceta autobiográfica es sucedida por capítulos donde el director aborda temáticas claves de su obra: lo urbano y lo histórico. De tal modo, como en “Sonidos” y Aquarius, la ciudad se devora a sí misma y con ello a los rasgos que la hacían Recife. Sin embargo, la película no hace sino inmortalizar varios de sus personajes, lugares y eventos en un bello retrato que es una “carta de amor”, pero también artefacto memorístico para no olvidar jamás.
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima
En línea con lo anterior, El Agente Secreto (2025), su película más reciente, recuerda al Brasil de los setenta y las "travesuras" de la época: su protagonista (fantástico Wagner Moura) puede caminar por la calle, ir al cine, acostarse con su vecina, manejar su escarabajo amarillo, pero la dictadura siempre está ahí, en ese viento que anuncia que algo pasará. De nuevo Mendonça Filho con su atmósfera apacible, pero ominosa.
A medida que se da rienda suelta a un deleite cinéfilo y cinematográfico, se plantea la resistencia a la tiranía también a modo de pequeños actos: compartir una cerveza y las compras del mercado, un beso, ir al cine a ver una película (de nuevo un refugio). Resistir, entonces, es también no olvidar, y el Agente Secreto es, en definitiva, el retrato de otro fantasma, así como la cumbre de una magnífica obra clave para estudiar el cine latinoamericano contemporáneo.

