Moscas: Aprender a vivir alrededor del dolor
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima
Un padre y su hijo llegan a un edificio frente a un hospital donde la madre permanece internada y terminan compartiendo unos días con Olga una mujer que parece haber perdido cualquier interés en ser amable con el mundo. A partir de este encuentro Eimbcke construye una historia sobre la soledad, el duelo y la necesidad de encontrar compañía incluso cuando parece más sencillo mantenerse al margen. La película entiende que las personas pueden cambiar nuestra manera de mirar un día cualquiera y que a veces basta una presencia inesperada para alterar una vida que parecía detenida.
Olga es quizá la figura que mejor representa esa idea. Su mal carácter nunca aparece como una característica aislada sino como el resultado de una acumulación de pequeñas derrotas. Una mosca que no puede sacar de su habitación, un ascensor que vuelve a fallar un precio que aumenta o la incomodidad de una vida donde cada cosa parece exigir un esfuerzo adicional. Eimbcke no necesita explicarnos por qué está cansada porque simplemente deja que esas molestias se acumulen frente a nosotros. Cristian en cambio todavía mira el mundo con la posibilidad de transformarlo y ese contraste permite que la película encuentre su mayor tensión entre alguien que ha dejado de esperar y alguien que todavía no sabe que algunas cosas no pueden arreglarse
Cristian también permite que la película se acerque al mundo desde una lógica cercana al juego. El juego, Space Invaders, funciona como una imagen sencilla pero poderosa porque representa un universo donde existen reglas claras, enemigos visibles y la posibilidad de comenzar otra partida. La realidad de Cristian no funciona de esa manera. La enfermedad de su madre no puede reiniciarse y el mundo adulto no siempre ofrece respuestas que un niño pueda comprender. Por eso el juego se convierte en una manera de hacer habitable aquello que resulta demasiado doloroso.
Lo más valioso de Moscas es que nunca necesita convertir esa ternura en sentimentalismo. Eimbcke observa la enfermedad, la soledad y la pérdida pero también encuentra humor en medio de ellas. Existe una furia silenciosa contra el tiempo y contra esa realidad que inevitablemente se lleva a las personas que queremos pero también existe una voluntad de seguir jugando incluso cuando ya conocemos las reglas del mundo adulto. Quizá por eso la película termina siendo menos una historia sobre cómo superar el dolor que sobre cómo aprender a vivir alrededor de él. Su belleza está en esos pequeños encuentros que modifican nuestra percepción y en la posibilidad de que alguien que parecía completamente endurecido todavía pueda volver a mirar a otro con cierta esperanza
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima

