El Tren Fluvial: Un viaje para encontrarse
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima
Hay películas que entienden la infancia no como un momento de inocencia sino como el lugar donde comienzan a construirse los deseos que más adelante intentaremos comprender. El tren fluvial de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale parte de esa idea para seguir a Milo en una búsqueda que parece sencilla pero que poco a poco adquiere una dimensión más profunda. Quiere ser visto, reconocido y querido en un mundo donde esas respuestas parecen encontrarse siempre en otro lugar. El tren aparece entonces como una posibilidad de escapar de aquello que no consigue cerca y como una extensión de ese deseo de imaginar que en algún punto las cosas pueden ser diferentes
La película encuentra una de sus mayores virtudes en la forma en que convierte el movimiento en una experiencia emocional. Milo pasa de un lado a otro mientras intenta descubrir qué hacer con aquello que siente y que todavía no sabe nombrar. Primero aparece marcado por la presencia paterna y por una idea de masculinidad que parece enseñarle cómo debe moverse y comportarse. Después ese mismo cuerpo comienza a encontrar otras posibilidades y el vestido de flores se convierte en una imagen particularmente poderosa porque no borra aquello que aprendió sino que lo transforma en algo propio. Hay en ese gesto una forma de resistencia que la película nunca necesita explicar demasiado
Ferro y Vignale también construyen su relato desde una sensibilidad visual que acompaña esa búsqueda. La película tiene algo de fábula y algo de recuerdo sin decidirse completamente por ninguno de los dos caminos. Esa ambigüedad puede resultar desconcertante por momentos pero también permite que la experiencia de Milo conserve cierta libertad. El relato no parece interesado en explicarlo todo sino en dejar que algunas emociones permanezcan abiertas
Quizá por eso El tren fluvial funciona mejor cuando confía en la sencillez de su historia. En lugar de construir una gran aventura habla de algo mucho más pequeño y reconocible como el deseo de que alguien nos diga que nos quiere y la necesidad de encontrar un lugar donde podamos ser nosotros mismos. Como ópera prima puede sentirse irregular en algunos momentos y su breve duración deja ciertas ideas apenas insinuadas pero también existe algo valioso en esa falta de respuestas. Milo termina su viaje con una experiencia que probablemente recordará durante mucho tiempo. El tren avanza y desaparece pero aquello que transforma su manera de mirar el mundo permanece.
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima

