Evil Dead Burn: El horror vuelto en diversión
Fuente: Warner Bros
Una vez alguna persona me preguntó: “¿qué es lo que más te gusta del terror?”, y yo, como buen basado que soy, le respondí: “la violencia”. Y sí, obviamente estoy consciente de que la violencia no es lo único que envuelve al género del terror, pero cuando se maneja de una manera similar a la de Sam Raimi en sus inicios, uno no puede hacer más que volverse como Tarantino y entender el:
“Because is so much fun, Janett, get it?!”
Pero la violencia sólo puede ser tan atractiva como efectiva si hay una buena historia detrás.
La saga de “Evil Dead” es una de las que mejor ha manejado la violencia en el mundo del cine, ya que se permite ser extremadamente visceral pero al mismo tiempo logra mantener una sensación de tensión y diversión, casi volviéndose una comedia negra incluso en bajo los momentos más serios de la saga. No tiene miedo a ensuciarse las manos al romper con las reglas no escritas del cine de terror, y no tiene reparo en llegar a los límites del horror corporal.
Pero en las últimas entregas, la saga ha decidido acompañar cada una de sus películas con un viaje mucho más introspectivo para sus protagonistas. En 2013, Fede Alvarez trajo consigo una reflexión sobre la hermandad y la autodestrucción. En 2023, Lee Cronin hizo de las suyas al enfocarse en los lazos familiares y el miedo a los vínculos emocionales, y en esta oportunidad Sébastien Vaniček trae consigo una historia mucho más personal sobre la mesa, una más enfocada en la toxicidad de los lazos familiares y la corrupción del amor. Un tema que viene muy bien para una película de Evil Dead.
Fuente: Warner Bros
Tras el repentino fallecimiento de su esposo, Susan se ve forzada a convivir un tiempo con la distante familia del fallecido. Mientras lidia con el rechazo y rudeza de una familia desmoronada por la pérdida y la violencia, la fuerza maligna del necronomicon llega de forma inesperada al hogar, por lo que Susan se verá forzada a trabajar junto a una familia que la rechaza, a la par que buscan una forma de detener a estas entidades de manera casi definitiva.
Con esta descripción de la película uno puede más o menos mapear cual es el conflicto interno de la protagonista: hacerle frente a un vínculo tan dañado como tóxico, y hay un excelente juego con estos temas. Tal vez el punto más perjudicial de que los personajes protagonistas sean, en su mayoría, desagradables y poco empáticos puede causar una sensación de frialdad y rechazo a estos, contrario a su anterior entrega donde uno pedía a gritos que no lastimen a los protagonistas. Y hasta cierto punto de la historia, uno realmente no tiene mucho por lo que preocuparse por la mayoría de personajes principales.
Se sienten muy unidimensionales, hasta que la película decide poco a poco más de ellos. Es a través de frases sobre explicativas en un comienzo, pero luego detalles tan pequeños, e incluso cómicos, que uno se puede dar cuenta de lo quebrantada que es esta familia. Una escena que involucra un beso y una oración esparció risas entre el público, pero es una oración tan precisa, corta y honesta que uno puede llegar a entender incluso la decisión más racionalmente estúpida. Más allá de los litros de sangre, insultos y provocaciones, hay una atmósfera muy entristecedora en este grupo protagonista, lo que hace que el concepto sea genuinamente interesante, y se aventura en un lado que la saga no ha tomado antes: no todos los personajes principales deben ser genuinamente buenos.
Fuente: Warner Bros
Incluso los no infectados son una amenaza, los infectados son más sádicos que nunca, y los protagonistas también son personajes con varios defectos. Es digno de aplaudir este nuevo intento de la saga por dar personajes memorables, pero al mismo tiempo, esta puede llegar a ser la historia más previsible de la saga justamente por su mismo concepto y el modo en la que se ejecuta visualmente. Es también la que tiene un estilo visual más estético: aprovecha bien la cámara errática, juega muy bien con el movimiento frenético de los deadites, entiende la brutalidad del gore y se vuelve mucho más visceral, pero al mismo tiempo pisa el acelerador desde muy temprano en la cinta.
Tan temprano que se siente más apresurada de lo que debería ser, con secuencias muy impresionantes pero colocadas de manera tan seguida, que al final de todo, uno puede darse cuenta de lo comprimida que es la cinta, y por ende su historia. Conceptualmente es poderosa, pero tenía para exprimirse más. De todas formas, este aspecto negativo se ve compensado con la brutalidad, la creatividad y el humor tan descabellado que maneja. Hasta cierto punto, parece que Vaniček está consciente de que pudo exprimir más, así que decide crear algo entretenido para evitar que esta sensación de desilusión aparezca mientras uno está completamente absorbido por la visceralidad que se ve en pantalla.
Se podría considerar a Evil Dead Burn como una película más frágil que su antecesora, y de momento la más frágil del renacimiento de la saga, pero sigue siendo algo digno de ser vista en una sala de cines. El gore es más duro que antes, el concepto es tan atractivo como satisfactorio de ver, el entretenimiento es más que asegurado con esta entrega, y elabora bastante bien su mundo como para dejar a uno con la intriga de a dónde podrá ir la saga más adelante, o si hay algo igual o más interesante que contar sobre el pasado.
Evil Dead Burn se estrenó este pasado 9 de julio en cines peruanos.

