Jaripeo: Habitar el deseo
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima
Hay una clase de documental que encuentra en la intimidad de sus personajes una forma de cuestionar espacios que durante mucho tiempo parecieron tener una única manera de ser habitados. Jaripeo parte de esa idea para acercarse al rodeo michoacano y descubrir dentro de un universo asociado a la masculinidad una sensibilidad queer que siempre estuvo ahí. Efraín Mojica no busca únicamente mostrar esta comunidad sino explorar cómo el deseo y la identidad pueden convivir con las mismas estructuras que históricamente intentaron excluirlos
La película resulta más interesante cuando el rodeo deja de ser su objeto principal y se convierte en una extensión de la identidad de Mojica. Los testimonios funcionan como distintas formas de enfrentarse a una masculinidad heredada y a la necesidad de encontrar un lugar dentro de ella. Esta tensión también aparece en una propuesta visual muy sensorial donde los cuerpos la música los colores y el uso del Super 8 construyen una experiencia cercana al recuerdo y la fantasía. Jaripeo no solo cuenta estas experiencias sino que intenta hacerlas sentir
Sin embargo esa búsqueda estética también termina siendo una de sus principales limitaciones. La película presenta a sus protagonistas como fragmentos y apenas permite conocerlos antes de pasar a la siguiente historia. Aunque esta estructura transmite una sensación de aislamiento también deja la impresión de que existe un mundo mucho más amplio del que apenas alcanzamos a ver una parte. Uno quisiera conocer mejor los códigos del rodeo y observar cómo estos hombres se relacionan entre sí. La conversación entre Mojica y uno de los protagonistas resulta especialmente potente porque permite que dos formas distintas de entender la masculinidad entren realmente en conflicto
A pesar de ello Jaripeo consigue construir una mirada honesta sobre la identidad y el deseo. El rodeo no aparece como un espacio que deba abandonarse para poder ser queer sino como un territorio que también puede ser resignificado. Su narrativa puede sentirse fragmentaria y su estética puede imponerse en algunos momentos pero esa sensibilidad consigue transformar una tradición profundamente masculina en un espacio sensual vulnerable y contradictorio. Más que ofrecer respuestas definitivas la película encuentra su fuerza en esa tensión entre pertenecer y reinventar aquello a lo que pertenecemos.
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima

