El final de la Calle Oak: ¿un regreso a lo mejor de Amblin en los 80s?

★★★★
RATING 4 / 5

Fuente: WB Pictures

Título The End of Oak Street
Duración 99M
País Estados Unidos
Año 2026
Dirigido por David Robert Mitchell
Cast Anne Hathaway, Ewan Mcgregor, Maisy Stella, Christian Convery

Cada cierto tiempo aparece una película que jura devolvernos el encanto aventurero de los 80s, y casi siempre se queda corta. El final de la calle Oak es la excepción. David Robert Mitchell, el mismo de It Follows, ya había coqueteado con lo setentero en aquella película, aunque ahí todo flotaba en un tiempo indefinido. Acá no. Es 1982 y nada más. Con 99 minutos, la producción de J.J. Abrams detrás y un entendimiento casi obsesivo de lo que hacía funcionar a Amblin (el grain, la cinematografía, personajes que respiran antes de salir corriendo), Mitchell lo logra sin esforzarse demasiado en demostrarlo.

La película se centra en los Platt, una familia suburbana de los 80s cuya aparente estabilidad se desmorona en secreto. Greg (Ewan McGregor) perdió su empleo. Lo oculta como puede, recurseándose con delivery de pizzas para sostener la fachada de hombre proveedor del hogar, mientras Denisse (Anne Hathaway) acumula un resentimiento por ver a Greg conformarse con la situación y se encierra por las noches en el sótano a escribir una novela secreta sobre sus frustraciones con la maternidad. Esa crisis económica y la distancia entre ambos no pasa desapercibida para los hijos: Audrey (Maisy Stella), cerebrito apasionada por la ciencia y devota de Carl Sagan, mastica en silencio la decepción de no poder costearse ir a la universidad Cornell, y el menor, Brian (Christian Convery), lidia con el bullying del barrio e intenta llamar la atención de la nueva vecina, teniendo a su perro Starbuck como su refugio emocional.

La historia arranca durante una parrillada en su vecindario de clase media. Una de sus vecinas ancianas —quien de paso ayuda a Denisse a revisar su manuscrito— le pide que revise su jardín por una extraña planta que acaba de crecer. Denisse no logra identificarla, y al investigar luego en la biblioteca se da con la sorpresa de que es una especie prehistórica ya extinta. A partir de ahí varios sucesos anómalos comienzan a ocurrir por la noche: luces enceguecedoras que aparecen por un segundo y luego se van, acompañadas de sonidos estruendosos. Cuando el drama vira hacia un tono más de terror, este diseño de sonido se vuelve clave para sostener toda la atmósfera.

Una noche, la luz cegadora vuelve a aparecer (una secuencia que recuerda mucho a las escenas de Poltergeist con la tormenta) provocando que la electricidad y el agua desaparezcan por completo de su hogar. Creyendo que se trata de los estragos de una tormenta severa, los Platt deciden dormir juntos y esperar al día siguiente. Lo que encuentran a la mañana siguiente desata el inicio de toda esta secuencia de escape y supervivencia: descubren que los dinosaurios han tomado el vecindario y están matando a sus vecinos. Al intentar huir en el auto, llegan al final de la calle Oak y descubren la verdad: la pista termina en un vacío que los lleva a la época jurásica, revelando que todo el vecindario ha sido teletransportado en bloque a este punto de la historia.

Fuente: WB Pictures

Sin posibilidad de escapatoria, la familia vuelve a su hogar para atrancar puertas y ventanas frente a la invasión, conscientes de que apenas sobrevivirán unos días sin suministros y servicios básicos. Ahí Mitchell se saca una de sus mejores cartas: un split diopter que parte el cuadro en dos mientras estalla una discusión a modo cuadrilatero, las teorías de wormholes de Audrey chocando contra el optimismo ciego de Greg y el derrotismo de Denisse, todos bajo el mismo techo pero cada uno atrapado en su propio pánico, sin que Mitchell corte el plano en ningún momento. Es un recurso que repite bastante junto a los slow zooms, y a ratos coquetea con el gimmick, pero en los momentos de mayor tensión termina sumando a la atmósfera.

El peligro aumenta cuando Brian, muy apegado a Starbuck tras su desaparición en la noche del apagón, escucha su ladrido y decide salir a buscarlo. Audrey lo sigue a escondidas de sus padres para protegerlo, dividiendo la dinámica familiar en dos frentes: los hermanos enfrentando el peligro afuera, y Denisse y Greg saliendo en su búsqueda mientras afrontan su crisis matrimonial en el camino. En toda esta travesía por el vecindario hay un desfile de dinosaurios que dejará satisfechos a los fans; hay una amplia variedad y los carnívoros generan muertes gráficas y con mucha sangre, empujando la clasificación PG-13 al límite donde Mitchell inyecta su toque más de terror. Todo esto se balancea con un humor poco común que sirve de respiro para la tensión (como el visual gag de la montaña de popó de dinosaurio en el patio del vecino malhumorado o una de dinosaurios copulando), un estupendo needle drop que se da el lujo de reproducir "Valerie" de Steve Winwood, y un score de Michael Giacchino que equilibra muy bien el sentido de maravilla ochentero y la tensión más oscura.

Fuente: WB Pictures

La sombra de Jurassic Park es inevitable. En un panorama donde la gente ya viene algo cansada de las últimas entregas de esa franquicia y donde hay una escasez de películas de dinosaurios buenas, El final de la Calle Oak se siente como una de las pocas propuestas recientes que rinden un homenaje muy bien logrado, sin sentirse como una copia. A diferencia de las aventuras más edulcoradas que a veces se asocian con el sello de Spielberg, Mitchell prefiere mirar hacia la vertiente más traviesa y despiadada de los 80s: una fórmula donde el asombro familiar convive con un tinte macabro, humor negro y bestias que no tienen reparo en despedazar a quien se cruce. También dialoga con clásicos como Poltergeist en cuanto al terror y la dinámica familiar. Esos títulos tenían algo más: un subtexto claro, una crítica a la sociedad y al capitalismo de su tiempo desde el cine de género. El final de la calle Oak no tiene mucho que revelar en ese sentido. No hay una crítica o una lectura que vaya más allá de lo evidente en la trama, y aunque esto no la desmerece en absoluto, sí es una capa de profundidad que al menos sentí que me hizo falta al terminar de verla. Se disfruta más como una divertida aventura familiar bien ejecutada para los fans de los dinosaurios y la ciencia ficción que se apalanca en sus efectos y en un trabajo de cámara impecable.

El final de la calle Oak marca el salto más comercial y blockbuster de Mitchell tras Under the Silver Lake, respaldado además por un detalle personal: la dedicatoria final revela que el proyecto nació como un homenaje a su padre fallecido. Como el propio director contó en una entrevista, su padre creció fascinado por los monstruos de Universal y construía junto a su hermano dinosaurios en stop-motion inspirados en Ray Harryhausen. Ese tributo no solo explica el cuidado artesanal detrás de las criaturas, sino que le da peso al conflicto que McGregor encarna en pantalla a través de Greg. Puede que la película no aspire al comentario social de los referentes que cita, pero encuentra su fuerza en otro lado: en el fondo, el viaje en el tiempo funciona como la excusa que esta familia necesitaba para volver a mirarse de frente, retroceder juntos aunque sea a la época jurásica y reencontrar algo de lo que ya habían perdido.

Pudimos asistir a la avant premiere de El final de la Calle Oak. Disponible en cines desde el 13 de agosto.


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Cris Tapia

Cofundadora de Reformed, diseñadora gráfica y marketera. En su tiempo libre se dedica a defender el cine de dad movies y a diseñar pósters para peliculas (ya no tanto, pero ojalá pronto).

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