El Partido: el juego más importante de la historia
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima
Resulta imposible acercarse a El Partido sin pensar en el reciente enfrentamiento entre Argentina e Inglaterra durante el Mundial de 2026. Cuatro décadas después de México 86, aquella rivalidad volvió a escribirse sobre una cancha, recordándonos que existen partidos cuya historia nunca termina con el pitazo final. Más allá del resultado, ese nuevo capítulo demuestra que ciertos encuentros permanecen vivos porque siguen resignificándose con el paso del tiempo. Desde ese lugar, el documental de Juan Cabral y Santiago Franco adquiere una resonancia especial. No mira únicamente hacia el pasado. También dialoga con el presente y con la forma en que cada generación vuelve a apropiarse de ese mito.
El Partido entiende desde el inicio que el encuentro entre Argentina e Inglaterra nunca fue únicamente un partido de fútbol. Cabral y Franco no buscan reconstruir el mito de Diego Armando Maradona, sino comprender por qué aquel encuentro continúa ocupando un lugar tan profundo en la memoria colectiva de dos países cuyas historias quedaron inevitablemente atravesadas por la guerra, la política y el deporte.
Uno de los mayores aciertos del documental consiste en desplazar el protagonismo hacia quienes compartieron aquella tarde con Maradona. Los testimonios de futbolistas argentinos e ingleses ocupan el mismo espacio, permitiendo que el relato abandone la lógica de vencedores y vencidos para convertirse en una reconstrucción coral. Incluso los detalles más pequeños adquieren un enorme valor porque ayudan a entender cómo un partido terminó transformándose en un acontecimiento histórico.
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima
Esa decisión también impide que la película caiga en el nacionalismo fácil. El documental no evita las controversias que definieron el encuentro. La Mano de Dios, el Gol del Siglo y la carga simbólica de Malvinas aparecen como partes inseparables de una historia imposible de comprender desde un único punto de vista. Lo extraordinario es que, aun con esas diferencias, la película consigue encontrar un terreno común entre ambos equipos. Todos recuerdan el mismo partido, aunque cada uno cargue con una versión distinta de lo ocurrido.
La figura de Maradona también adquiere un lugar particular. Su presencia nunca eclipsa el resto del relato porque el documental parece asumir que el mito ya fue construido hace mucho tiempo. En ese sentido recordé la película Fue la mano de Dios, de Paolo Sorrentino, donde Diego existe menos como un futbolista que como una presencia capaz de alterar el destino de quienes lo observan. Aquí sucede algo parecido. Maradona aparece como el centro gravitacional alrededor del cual giran los recuerdos de todos los protagonistas, incluso de quienes intentaron detenerlo.
Más que reconstruir un encuentro inolvidable, El Partido demuestra cómo ciertos relatos sobreviven al paso del tiempo porque cada generación encuentra una nueva manera de volver a contarlos. Al comienzo del documental se insiste en que el fútbol no es política. Sin embargo, aquel partido demuestra precisamente lo contrario. Sobre el césped del Azteca no se resolvió una guerra, pero sí se disputó un duelo cargado por la memoria, el orgullo y las heridas de dos naciones que encontraron en noventa minutos una forma de enfrentarse una vez más.
Fuente: 30 Festival de Cine de Lima

