Donde duermen los sueños: el último lugar donde todavía podemos encontrarnos con alguien

★★★☆☆
RATING 3 / 5

Fuente: 30 Festival de Cine de Lima

Título Donde duermen los sueños
Duración 76M
País Perú
Año 2026
Dirigido por Daniel Riglos
Cast Santiago Magill, Lizet Chávez

Donde duermen los sueños se mete de lleno en el duelo desde un lugar bastante particular, utilizando los sueños, los recuerdos y la imaginación para construir una historia donde cada vez cuesta más distinguir qué ocurrió realmente y qué está pasando dentro de la cabeza de Sebastián. Al inicio puede resultar confusa, pero poco a poco empiezan a aparecer las reglas de este mundo y, con ellas, una idea que me parece bastante potente: cuando perdemos a alguien, también podemos terminar perdiendo la forma en que lo recordamos. El rostro de Alina, cada vez más difuso y difícil de reconocer, funciona como una representación bastante clara de ese miedo a olvidar a alguien que todavía queremos mantener cerca.

Me gustó especialmente cómo la película trabaja el contraste entre lo cálido y lo frío. Cada vez que Alina aparece, hay una sensación de hogar, de algo que Sebastián todavía quiere recuperar. La luz del sol, los espacios más acogedores y los momentos compartidos construyen una vida que parece existir solamente dentro de sus recuerdos. En cambio, cuando volvemos a su presente, todo se siente mucho más distante y vacío. Incluso la iluminación fría tiene algo de hospital, como si Sebastián estuviera atrapado en un lugar donde la vida continúa, pero él todavía no consigue aceptar que algo terminó.

También me parece interesante que la película entienda el duelo no solamente como la pérdida física de una persona. Sebastián se refugia en su propia mente porque ahí todavía puede estar con Alina, pero ese refugio también termina convirtiéndose en una forma de negación. Mientras más intenta reconstruirla, más evidente se vuelve que lo que está viendo no es necesariamente a Alina, sino una versión construida a partir de sus recuerdos, deseos y todos esos “hubieras” que aparecen cuando una relación termina. En ese sentido, la película encuentra algo interesante en la imposibilidad de recuperar exactamente a una persona que ya no está.

Fuente: 30 Festival de Cine de Lima

Mi principal problema está en que esa propuesta no siempre consigue sostenerse emocionalmente. La película tiene recursos visuales muy creativos, especialmente las secuencias construidas a partir de fotografías, y hay momentos en los que la mezcla entre realidad, sueño y memoria resulta bastante estimulante. Pero me costó conectar con la relación entre Sebastián y Alina porque nunca terminé de sentir con suficiente fuerza el vínculo que existía entre ellos. Y si la película depende tanto de que entendamos su ausencia, esa conexión se vuelve importante. 

Aun así, me parece valioso que Donde duermen los sueños se arriesgue a contar el duelo desde un lugar tan abstracto. Puede que no todo termine de funcionar y que incluso algunas de sus ideas parezcan más interesantes que su ejecución, pero hay imágenes que se quedan dando vueltas después de verla. Esa lucha entre recordar y olvidar, entre querer mantener vivo a alguien y aceptar que su imagen inevitablemente cambia, termina siendo lo que más rescato de la película. Quizá no terminé de conectar con todo lo que propone, pero sí me dejó pensando en esa extraña forma en la que los recuerdos pueden convertirse en el último lugar donde todavía podemos encontrarnos con alguien.


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Noel Valdivieso

Cofundador y Director de Reformed. Editor audiovisual y cinéfilo, obsesionado con el cine de Sorrentino y melómano empedernido.

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