The Social Reckoning: Review

★★☆☆☆
RATING 2 / 5

Fuente: Sony Pictures Releasing

Título The Social Reckoning
Duración 112 min
País Estados Unidos
Año 2026
Dirigido por Aaron Sorkin
Cast Jeremy Strong, Jeremy Allen White, Mikey Madison, Bill Burr, Wunmi Mosaku, Billy Magnussen, Betty Gilpin

Aaron Sorkin estaba palteando desde The Trial of the Chicago 7, una peli muy estándar que, si no fuera por los escasos estrenos que tuvimos en streaming el año de la pandemia, se habría ido acumulando en un catálogo infinito de recuerdos efímeros. Tenía prometido no mencionar a David Fincher en todo el texto, pero ¿alguien recuerda Mank? Sorkin siempre fue muy capaz para los diálogos rápidos y para mantener un dinamismo absoluto en el control de los tiempos, pero aquí se muestra complaciente en un drama que se reduce a la cursilería industrial, donde los conflictos reales se resuelven con un elocuente speech. Su puesta en escena es funcional y está subordinada al texto. Para mí, Sorkin también es eso: funcional y con nula rebeldía, donde el trauma histórico se esteriliza para convertirse en entretenimiento para streaming.

Con ese antecedente, personalmente no vi Being the Ricardos, entro a The Social Reckoning esperando entretenerme. Un drama político sobre la filtración de documentos clasificados de Facebook sonaba a un terreno seguro, pero funcional. Por más que los temas pierdan vigencia, en tiempos de extremismo, donde el odio y la desinformación acaban con vidas humanas reales, la obra de Sorkin podría sentirse fresca. Incluso conociendo bien su distancia a la hora de abordar las contradicciones políticas y sociales de los problemas que retrata, sin duda podría hacer de su regreso al cine (no Netflix, no Prime Video) un entretenimiento cumplidor.

Fuente: Sony Pictures Releasing

Ni bien arranca The Social Reckoning, nos sitúa en la era de las «denuncias sociales en internet», donde una mujer ebria, al ser detenida, graba e insulta a policías para luego subir el video y que este se difunda en grupos de Facebook de extrema derecha. Estamos en 2019, cuando el mundo discutía sobre el final de Game of Thrones y Sech estaba en su auge, Mikey Madison trabaja para Facebook y, al ver este material, decide aliarse con Jeremy Allen White, quien es periodista, para sacar la información a la luz. Quitándome la premisa de encima, el reparto es notable y ha llamado la atención desde que fue anunciado; sin embargo, parece que la conversación terminó cuando esta cinta llegó a su estreno. ¿A qué podría deberse? Mikey y Jeremy (como si fueran mis patas) son grandes actores que no solo no destacan por su química forzada: por ahí les quieren meter gestos de un romance incómodo entre dos adultos que actúan como adolescentes para agregar una capa de humanidad a sus personajes. Pero la verdad es que se sienten subordinados al texto. Qué curioso que sus interpretaciones no sean mucho más que demasiado funcionales.

Sumado a ello, quien llama más la atención del reparto, aunque tiene una participación menor en el film, es el grandísimo Jeremy Strong como Mark Zuckerberg. Mucho se ha discutido sobre el método del actor y demás. Yo respeto bastante su trabajo, más aún sabiendo que sus altos interpretativos son más mérito y trabajo propio que del director en el set. Y, por más que su carencia de emoción y frialdad hacen que su interpretación resulte casi autista, al ofrecer un retrato fiel a la extrañeza del propio Zuckerberg, no deja de sentirse limitado. El mejor momento de la película cuenta con Bill Burr cuestionando y hablándole directamente a Zuckerberg, y ahí Strong brilla por su carácter reaccionario, casi inanimado, pero mecánico. Tristemente, no tenemos más de esto en la película. Sus apariciones se dan mediante saltos temporales que, si bien responden al dinamismo propio de Sorkin, no solo recurren a una línea de tiempo huachafa y vistosa que me recordó a Esta es la U, sino que también restan el impacto que la historia merece. Cuando Sorkin se pone discursivo, realza sus falencias e inevitablemente la peli se desinfla.

Fuente: Sony Pictures Releasing

A todo esto, terminamos conociendo una verdad, pero han pasado cinco años y Mark Zuckerberg no ha afrontado consecuencias por la filtración. Se ha mantenido entre las seis personas más ricas del mundo y actualmente está en una disputa por vender sus acciones sin perder el control total de Meta. Mientras tanto, yo estoy usando Instagram para comentar por qué no me gusta una película de Hollywood que le está haciendo perder millones de dólares a Sony. Acá, El poder de la red, distribuida por Andes Films, pasó de estar programada para el 8 de octubre a llegar recién este pasado jueves 22, haciendo poco ruido. En un mundo donde el odio genera mayor interacción, donde hay más gente hablando mal de una película que yendo a verla, esto podría no ser un comentario, sino una oportunidad para darle espacio a algún post comparando esta película con la de Fincher plano por plano. Llamaría más la atención, porque la comparación vende, hablar mierda vende, y el principio de este texto tiene algo de ello. La gente no es idiota: ha visto esto antes y, si no, probablemente lo hará pronto en streaming o en algún resumen. 

Sin embargo, Oakley parece más preocupada por el acabado visual y decorativo de la película, empeñada en recrear una época cuya idealización está establecida estos años a través del interés en el público a causa de las series y novelas contemporáneas. La atención al vestuario, los espacios y la composición de las imágenes no resulta problemática por sí misma; el inconveniente es que estos elementos terminan imponiéndose sobre la exploración emocional de sus protagonistas. La película parece demasiado comprometida con reproducir la apariencia y las convenciones del cine de época como para encontrar una voz propia dentro de ellas.

Esta nueva adaptación no solo deja pasar la oportunidad de ofrecer una perspectiva renovada sobre el cine de época, sino que también evidencia las limitaciones de una industria que parece confundir la recuperación de los clásicos con la necesidad de volver a contar sus historias sin cuestionar qué pueden decirnos en el presente. Allí donde la novela de Austen y adaptaciones previas como la de Ang Lee encontraban en las contradicciones de sus personajes una reflexión sobre el amor, las convenciones sociales y la represión emocional, la película de Reid parece conformarse con reproducir la superficie de ese universo, sin alcanzar la misma profundidad.


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