The Drama: Una segunda oportunidad

Fuente: A24

Título The Drama
Duración 105M
País Estados Unidos
Año 2026
Dirigido por Kristoffer Borgli
Cast Zendaya, Robert Pattinson, Mamoudou Athie, Alana Haim

Bien lo dice la profesora de baile: todo es performativo, sobre todo en una boda. En términos sociológicos de Goffman, usamos todos máscaras para representar distintos personajes en determinados contextos. Así, Emma (Zendaya) puede ser una mujer empática y dulce al mismo tiempo que esconde un gran (¡y dramático!) secreto, tal cual Charlie (Robert Pattinson) es capaz de mentirle sobre un libro para acercarse a ella y hablarle. Como decía Goffman, las máscaras se crean a partir de las del otro. Es decir, fingimos en común para vivir en sociedad. Emma y Charlie lo hacen para llevar a cabo su boda, su performance.

Lo nuevo del noruego Kristoffer Borgli arranca con Pattinson narrando su discurso, con cada palabra y anécdota pensada al detalle, siempre con la opinión de los demás en mente. Tal acercamiento a la boda desde lo artificial da pistas sobre esta dimensión performática y teatral del matrimonio y la relación de pareja. Todo se empieza a ir cuesta abajo a partir del “ampay” nocturno que hacen de su DJ mientras pareciera que consume heroína: la juzgan, se cuestionan su presencia en la boda y es este señalamiento lo que termina por jugarle en contra a la pareja.

Borgli explota esa idea de la actuación y lo falso a partir de las puestas en escena: primero un ensayo del baile y luego una prueba de la comida para la fiesta, una representación de los eventos próximos. La aparente alegría es derribada por completo cuando Emma revela que planeó a los quince años un tiroteo en su escuela motivada por el bullying y la soledad. ¿Se cae la máscara? Si antes vimos a la pareja unida y amorosa, con un montaje rápido de sus encuentros sexuales, ahora los vemos separados sentimentalmente, en la cama y en el encuadre, en una escena reposada y fría.

Pareciera a este punto que Borgli cambia las sonrisas por el drama que advierte el título, pero no es así del todo. Resulta interesante que en su visión puedan coexistir la violencia con armas de fuego tristemente característica de Estados Unidos con momentos de humor. Ejemplo: la taza que bota Charlie, la foto de Emma haciendo una pistola con los dedos, la fantasía de ella en ropa interior con un rifle, hasta la escena de la fotógrafa que los subtítulos podrían quizás truncar (habla del disparo fotográfico y cómo va a “dispararle”; es decir, fotografiar, a toda la familia). 

Fuente: A24

Debajo de los chistes, sin embargo, hay una lectura sobre la ‘gun violence’ gringa que conversa con lo que vemos hoy: una estetización de las armas y matanzas, exaltación de conductas ‘incel’, desensibilización a partir del internet y más, incluso un egocentrismo virtual en modo ‘selfie’, donde Borgli vuelve a los chistes con un atentado que no se lleva a cabo porque hubo otro el mismo día y por problemas de wifi y software que le impiden a la niña grabar un video testimonial. Se cuestiona también este tipo de violencia como algo mera o inherentemente masculino. No obstante, y tal como Emma se defiende, nunca llegó a cometer nada. Como bien plantea el filme, se quedó en la dimensión del ensayo.

La pequeña Emma salta del pasado al presente en visiones paranoicas que acechan a Charlie y si bien se entiende la figura, Borgli repite en distintas ocasiones tal juego que llega a entorpecer un poco el relato, como si no tuviera nada más que aportar. Lo mismo sentí cuando Charlie ve a su prometida en las páginas de un libro fotográfico de mujeres con armas. Un poco exagerado Borgli. No por llevar como título el nombre de un género, la narración debe ser, pues, genérica. De ahí que la boda se acerque más a un relato salvaje ‘Szifroniano’ que a una celebración ‘Vinterbergesca’, con vergüenzas ajenas y ansiedad, pero desprovista de revelaciones y giros importantes.

El final funciona muy bien porque retoma las máscaras y la performance. Ya se han visto como son realmente. En el proceso para “superar” el pasado de Emma, es Charlie quien termina herido y cubierto de sangre. El juego en el restaurante no solo trae a colación otra escena donde el sexo se intenta a través de fingir ser otros, sino que se vuelven a poner otras máscaras para así seguir adelante y darse otra oportunidad lejos de la fiesta y los lujos, con otras ropas y expresiones, sin una cena de ensayo previo, sino comiendo un par de hamburguesas.

Una recomendación: Celebration (1998) de Thomas Vinterberg

The Drama esta disponible en digital


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Gustavo Vegas

Crítico de cine, comunicador audiovisual y fanático de las películas de vaqueros. Su primer cortometraje pasó por diversos festivales nacionales. Se encuentra trabajando en otro, desde la coescritura y codirección.

@corduroygos | @vicio.propio

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