Toy Story 5: Lo difícil que es adaptarse al cambio
Fuente: Disney Pixar
Durante mucho tiempo pensé que Toy Story 4 había sido el cierre definitivo para esta saga. No porque ya no existieran historias por contar sino porque llevó a Woody hacia una conclusión que se sentía madura, valiente y coherente con todo lo que la franquicia había construido durante más de veinte años. Por eso llegué a Toy Story 5 con bastante escepticismo y quizás algo de preocupación. Sin embargo, lo primero que debo reconocer es que la película logra justificar su existencia. No se siente como una continuación hecha únicamente por nostalgia sino como un intento genuino de encontrar una nueva preocupación para estos personajes en un mundo que sigue cambiando.
La gran amenaza de esta ocasión ya no es un nuevo juguete un dueño diferente o el inevitable paso del tiempo. Ahora la historia pone su mirada en una realidad mucho más cercana. Una generación que crece rodeada de dispositivos capaces de absorber toda su atención. Lo interesante es que la película evita caer en un discurso simplista donde la tecnología es el enemigo absoluto.
Más bien plantea una pregunta bastante incómoda. ¿Qué ocurre cuando aquello que antes nos ayudaba a conectar con los demás comienza a reemplazar esas conexiones? Es un conflicto contemporáneo que encaja sorprendentemente bien con los temas que Toy Story ha explorado desde el inicio.
Uno de los mayores aciertos de la película es convertir a Jessie en el eje emocional de la historia. Después de años ocupando un rol secundario finalmente recibe un arco que le permite cargar con buena parte del peso dramático. Hay algo especialmente conmovedor en verla enfrentarse nuevamente al miedo de quedarse atrás. Un temor que siempre ha estado ligado a su personaje desde Toy Story 2. Aunque no creo que alcance la fuerza emocional de aquella película sí consigue aportar una perspectiva diferente dentro de una franquicia que corría el riesgo de repetirse demasiado.
También me sorprendió cuánto conecté con Bonnie. Quizás porque ahora la película observa más de cerca a los niños que a los juguetes. Su dificultad para relacionarse con otros la facilidad con la que encuentra refugio en una pantalla y la preocupación silenciosa de sus padres reflejan situaciones que resultan bastante reconocibles hoy en día.
Fuente: Disney Pixar
En varios momentos sentí que la película estaba menos interesada en hablar sobre juguetes y más interesada en hablar sobre nosotros mismos. Sobre cómo construimos nuestras relaciones y cómo buscamos pertenecer en una época donde todo parece diseñado para mantenernos ocupados pero no necesariamente acompañados.
Eso no significa que la película esté libre de problemas. A estas alturas la franquicia tiene tantos personajes que inevitablemente algunos terminan quedando relegados. Hay figuras importantes que apenas encuentran espacio para brillar y ciertos conflictos se resuelven de una manera demasiado cómoda. Además la estructura general resulta bastante familiar. Toy Story siempre ha sabido reinventar sus dilemas emocionales pero en términos narrativos aquí se siente menos arriesgada que otras entregas. Nunca deja de ser entretenida aunque pocas veces alcanza el nivel de sorpresa que caracterizó a sus mejores momentos.
Aun así hay algo que esta saga sigue haciendo mejor que casi cualquier otra franquicia animada. Encontrar nuevos significados dentro de los mismos miedos. Desde la primera pelicula Toy Story ha hablado sobre la inseguridad el reemplazo el abandono y la pérdida. Ahora vuelve a esos temas desde otro ángulo explorando la obsolescencia en una época donde incluso nuestra atención parece tener fecha de vencimiento.
Me parece admirable que después de tantas secuelas todavía encuentre una manera distinta de abordar preguntas tan humanas como qué ocurre cuando nuestro propósito cambia o cuando sentimos que ya no ocupamos el lugar que alguna vez tuvimos.
Quizás Toy Story 5 no alcance las alturas de la 2 o la 3 y personalmente sigo pensando que la 4 ofrecía un desenlace más contundente para la historia en general. Sin embargo también creo que esta nueva entrega demuestra que la franquicia todavía tiene algo valioso que decir. Es una película sentimental reflexiva y por momentos demasiado idealista pero que entiende perfectamente por qué estos personajes han permanecido con nosotros durante tantos años. Y como suele ocurrir con Toy Story cuando finalmente llega el momento de despedirse aunque sea una vez más termina encontrando la manera de arrancarte algunas lágrimas.

