Leviticus: El amor en tiempos de miedo y odio
Fuente: NEON
Yo amé alguna vez. Tú has amado en algún momento, todos lo hemos hecho. Todos nos hemos enamorado, todos nos hemos ilusionado, pero ¿alguna vez te has enamorado de alguien con quien otros no te dejan amar? Y no me refiero solo a amistad diciendo que alguien no vale la pena, o a padres diciendo que eres muy joven para tener pareja, sino que el mundo esté constantemente en contra de ambos por un mismo motivo. Yo sí he estado en esa posición, y sé que algunas personas más por acá también lo habremos estado.
Sé que el amor es un sentimiento enorme, pero sé que el miedo es igual o más fuerte en ciertas ocasiones. El miedo es algo muy fácil de transmitir cuando se manipula todo desde la incomprensión. Es desde ahí donde los mayores actos de odio pueden cometerse, y “Leviticus” lo entiende no sólo de una manera muy íntima, también desde el lado más deshumanizante que una creencia puede promover.
Tras el fallecimiento de su padre, Niam junto a su madre Arlene se mudan a un pueblo ultra conservador y religioso. Con el tiempo ambos se van acomodando dentro de la comunidad, pero en secreto Niam se enamoraría de un joven llamado Ryan, con quien parecería tener una conexión que va más allá de lo físico. Pero la felicidad se ve abruptamente interrumpida por una traición, una venganza y como consecuencia, la aparición de una entidad imparable que juega con la mente de sus víctimas, haciéndoles creer que son atacadas por la persona que más aman.
Fuente: NEON
Desde aquella descripción de la trama, uno puede asumir fácilmente que la historia tomará el camino más común cuando se junta el horror con el romance: la tesis de “el amor lo puede todo”, donde se lucha contra la corriente, las personas y hasta lo imposible para poder ser feliz junto a un ser amado. Pero el verdadero fin de “Leviticus” no es únicamente hablar de esto, sino ir más allá del odio que varias comunidades depositan sobre las personas diferentes, y a través de esto hablar sobre cómo el miedo puede ser el arma más efectiva contra alguien completamente vulnerable.
Levítico es el 3er libro dentro de La Biblia, y este más que narrar una historia, es una suerte de guía proporcionada por Dios para que el pueblo de Israel, que en aquel entonces se había quebrantado el pacto que tenían, pueda reconciliarse con Él y dejen atrás todas las corrupciones que han sufrido. Y dentro de este “manual” sobre cómo uno puede transformarse y evitar ser impuro se encuentra una frase particular:
“No te echarás con varón como con mujer; es abominación.”
“Yo no lo digo, lo dice la biblia”, estoy seguro de que varias personas han escuchado eso varias veces en sus respectivas vidas, y no es para menos. Es la justificación más grande para el odio generalizado que existe sobre una forma de actuar, un estilo de vida o simplemente una persona que poco o nada de daño le ha hecho al mundo. Y si bien esto es más un comentario propio, también está muy ligado al mensaje de la película y a sus protagonistas.
La historia está formulada de una manera muy sencilla: hay dos familias principales, dos fuerzas antagónicas distintas, dos obstáculos cercanos y dos amantes. Una historia que no se divide en dos puntos de vista como tal pero se deja muy en claro que hay una suerte de balance entre cada aspecto: una familia que sobrevive a base de la dureza y otra que se destruye justamente por esta, una fuerza antagónica que se regocija en su maldad enmascarada como salvación y otra que busca generar miedo constante, y dos caras de la misma moneda que representa el amor.
Fuente: NEON
De cierto modo, Adrian Chiarella comprende que los mayores temores del amor prohibido se deben a cada cosa que representan estos elementos, y los utiliza de maneras muy precisas a lo largo de la historia. Pese a que sus ejecuciones sean contadas y muy precisas, su problema es justamente ese: son representaciones en momentos contados, hay un subtexto interesante en cada uno de estos elementos pero jamás se explora del todo ni se alcanza su máximo potencial narrativo porque la película se restringe de eso. Eventos que suceden para representar una forma de opresión o reacción, y de no ser porque hay algunas consecuencias narrativas, estos eventos pasarían como situaciones de manual dentro de un thriller en lugar de ser situaciones importantes.
Tal vez sea por un tema presupuestal, y por cómo se desenvuelve la trama creería que realmente es por eso, porque cada una de estas representaciones ocurren en escenarios repetidos y mayormente desolados. La falta de un mundo más amplio añade bastante a la atmósfera opresiva, silenciosa y abandonada en la que nuestros protagonistas se encuentran, casi como si no existiesen más personas en el mundo de ambos. Y eso ayuda a reforzar más la unión entre ambos.
Dos almas perdidas que se encuentran en un mundo aislado y oprimido por un miedo que se muestra como salvación, al mismo tiempo que deben aprender a cómo vivir con ese miedo o separarse para alejarlo más no olvidarlo. La fuerza de “Leviticus” viene más desde lo poético y lo temático que desde lo meramente narrativo. Entre sustos muy dispersos y momentos de manual, se encuentra una historia con un corazón tan honesto como bello, una representación muy fiel del miedo que otras personas ejercen sobre otras que son similares en todo sentido, incluso en la intensidad con la que pueden amar a alguien.
El miedo es un arma, y existe de muchas formas: hacerle creer a alguien que no es digno de salvación da miedo, forzar a alguien a vivir de cierto modo genera miedo a la rebeldía o al ser descubiertos, interferir con los sentimientos de alguien provoca miedo a que estos sigan a flote, y ahí es donde más da en el blanco “Leviticus”, en todas las formas donde expone al miedo como un arma, pero también cuando habla sobre la intensidad del amor. Porque al fin y al cabo, ¿Quien no quisiera ser libre de amar?
Leviticus tuvo su estreno en salas de cine peruanas.

