El Destino No Tiene Favoritos (2003): Cuando el tiempo te da la razón
El Destino No Tiene Favoritos (2003)
La mayor mentira que un ser humano puede decir es “sé que es lo que hago”, porque uno realmente no sabe exactamente qué es lo que está haciendo. Con esto, no me refiero a conocimiento como tal. Todos sabemos utilizar un cuchillo, prender un televisor, alguien puede aprender a usar una cámara o sobre tecnología, enfermería, etc. Lo que realmente no sabemos son las consecuencias de nuestras acciones. Acción y reacción, causa y consecuencia.
Una acción tan pequeña como el aleteo de una mariposa puede cambiarlo todo.
Cuando la producción de una telenovela muy popular decide alquilar el patio de su casa para utilizarlo como set de grabación, Ana estaría descontenta en un inicio. Viniendo de una familia aristocrática, considera que la telenovela es algo absolutamente burdo que no evoluciona, sino retiene a un público ante un idioma tan informal y absurdo que no se permite ser algo más. Pero la curiosidad es grande, y un día, ganada por la curiosidad, decide hacer casting para dicha novela, y no solo obtiene un rol protagónico, sino también la oportunidad de cambiar las cosas de raíz.
Y es así como empieza una odisea en la que Alvaro Velarde, director de la película, poco a poco irá desenvolviendo el proceso de creación de estas historias, los pensamientos que las retienen en un status quo deplorable y la avaricia natural del peruano de a pie, todo esto de una forma tan divertida como hipnotizante, pero que al mismo tiempo está hecha con una precisión tal que es imposible no notar cierta similitud con el mundo real.
El Destino No Tiene Favoritos (2003)
Porque en los ya más de 23 años de haber sido estrenada esta película puede que hayan ocurridos cambios enormes en la forma en la que el entretenimiento es consumido por las masas, pero si algo se ha mantenido casi igual, e incluso me atrevería a decir que ha dado varios pasos atrás, son las telenovelas nacionales. Sobre todo aquellas que se sostienen únicamente en la nostalgia de los chistes pasados, tendencias del momento o incluso las argollas de sus protagonistas.
Este formato ha sufrido tan pocos cambios, que parece que Alvaro Velarde habla directamente de estos productos actuales más que de los productos de su tiempo.
Esto es gracias a dos factores: la honestidad con la que Velarde ridiculiza a los productos hechos para las masas, y también a la mentalidad de las productoras televisivas actuales. Para entender cómo se puede ridiculizar a una industria entera de manera honesta y precisa, Velarde no solo se sumerge en la ironía de cómo estas telenovelas son hechas por parte de las productoras, sino también se adentra en el lado más idiotamente humano de estas.
Ana, siendo una simple persona desconocida para los realizadores, llama la atención del director de la serie, interpretado por Paul Vega. Este, gracias al ingenio, belleza e inteligencia de Ana, es quien decide aceptar cada una de las propuestas de ella, las cuales son realmente buenas, pero provocan la envidia de quienes solían ser las caras principales de la serie, y quienes tenían no solo el guión, sino también los salarios, horarios y hasta personal a su favor. ¿No es así como funcionan varias producciones ahora, y también cómo se destruyen?
Porque por un lado tienes actores y actrices molestos, productores ensimismados en destruir a otra persona, creativos a los que se les obliga a seguir reglas bien estrictas de cómo debería ser una serie, y como estas se entregan ante el cliché de siempre porque es lo que “atrae” a un público cada vez menos entusiasmado pero igual de pendiente porque es parte de la rutina. Velarde, a través de las risas, deja al desnudo a una industria que solo factura gracias a la monotonía, y a los favores que existen dentro de ella.
El Destino No Tiene Favoritos (2003)
La aparición de Ana y su intervención no hacen más que resaltar otro aspecto obvio: los realizadores jamás estarán abiertos al cambio. Ya sea por un tema de favoritismos, envidia, impotencia o inseguridades, siempre buscarán la forma de mantenerse donde alguna vez se encontraron, incluso sí esto significa quitarle al público gran parte del entretenimiento.
Y por más años que hayan pasado, esto es algo que se sigue manteniendo dentro de la industria, pero de una manera mucho más descarada y hasta insultante.
Posterior al estreno de “El Destino No Tiene Favoritos” se estrenaron varias telenovelas y series en territorio nacional: “Así Es La Vida”, “Al Fondo Hay Sitio”, “Mi Amor el Wachiman”, “De Vuelta al Barrio” entre muchas otras. Series que tuvieron picos muy altos así como momentos muy bajos, donde la fórmula se repetía hasta el cansancio, los actores empezaban a estancarse en un status quo tan desagradable que terminaban siendo más estúpidos de lo normal, donde el “reflejo de la vida limeña” se volvía una parodia imposible de seguir por las diferentes cosas que ocurrían.
Hace unos días nomás despierto para darme con la noticia más grande en la historia de la televisión peruana desde el disparo a Peter: “Joel Gonzales fue interceptado y bombardeado por un dron en el estrecho de Ormuz”. Mismo Manuel Gold solo pude reaccionar con un: ¿QUÉ?. ¿Hasta qué punto vamos a llegar con los productos nacionales que solo buscan aferrarse a una idea del pasado, pero no tienen ninguna razón o motivo sensato para seguir al aire?
Motivos como estos me hacen apreciar aún más el discurso de Alvaro Velarde con “El Destino No Tiene Favoritos”, la cual fácilmente podría ser la mejor comedia peruana de todos los tiempos. No solo tiene una precisión muy hilarante y mordaz a la hora de hablar sobre la industria televisiva del país, o de cualquier país realmente, sino que el tiempo también le ha dado la razón: los realizadores de este país no quieren dejar atrás el dinero fácil, y van a malacostumbrar al público peruano todo el tiempo que les sea posible para seguir viviendo de las mayores estupideces que alguien podría ver en su vida.

