Hiedra: Las heridas también heredan
Fuente: Festival de Cine de Lima 2026
Ana Cristina Barragán construye una historia que avanza desde la incertidumbre, obligando al espectador a observar antes que interpretar. En lugar de explicar quiénes son sus protagonistas o por qué actúan de determinada manera, la película deja que el vínculo entre ambos se revele lentamente, haciendo de esa espera uno de sus mayores aciertos.
Azucena y Julio son personajes marcados por una infancia que, por distintas razones, nunca terminó de pertenecerles. Ella vive atrapada en una fragilidad que parece impedirle abandonar el pasado. Él ha crecido demasiado rápido, acostumbrado a cuidar de otros antes que de sí mismo. Cuando sus caminos se cruzan, Barragán evita convertir esa relación en un mecanismo de redención. Lo que aparece es algo mucho más ambiguo, un encuentro atravesado por el afecto, el trauma y una incomodidad que nunca desaparece del todo.
También resulta admirable la paciencia con la que Barragán construye el relato. Su ritmo pausado permite que las emociones respiren y que el espectador descubra poco a poco las piezas de una historia profundamente dolorosa. Cuando finalmente comprendemos el origen de ese vínculo, la película adquiere una dimensión todavía más trágica, pues deja de preguntarse únicamente por el trauma para observar cómo este continúa moldeando la vida de quienes lo sobreviven.
Fuente: Festival de Cine de Lima 2026
Sin embargo, ese delicado equilibrio comienza a resquebrajarse en su tramo final. El director decide desplazar la historia hacia un terreno mucho más simbólico, privilegiando imágenes y metáforas que terminan alejando el conflicto de su dimensión más humana. El desenlace, lejos de intensificar la carga emocional acumulada durante todo el recorrido, resulta extrañamente anticlimático y deja la impresión de que la película renuncia demasiado pronto a la honestidad con la que había construido a sus personajes.
En conclusión, Hiedra permanece como una obra incómoda y valiosa precisamente porque nunca reduce el dolor a una explicación sencilla. Más que ofrecer respuestas, observa las cicatrices que deja la violencia con una sensibilidad poco común y recuerda que existen heridas capaces de atravesar generaciones enteras, incluso cuando nadie encuentra las palabras para nombrarlas.
Fuente: Festival de Cine de Lima 2026

