Pluribus: El derecho a estar roto en un mundo efímero
Imagen cortesia de: Apple TV
Con Pluribus, Vince Gilligan no solo regresa a la pantalla, sino que se confirma como, posiblemente, el autor más revolucionario de la televisión moderna y de la pantalla chica en general.
Tras haber redefinido el drama criminal, Gilligan trasciende géneros para entregarnos una pieza de ciencia ficción existencialista que se siente como la culminación de su carrera, elevando el lenguaje de las series a un nivel de autoría y prolijidad técnica pocas veces visto. Hoy repasaremos todos los capítulos de esta maravilla teñida de desesperanza y humanidad.
1 - La señal.
El inicio es una exhibición de genialidad y madurez total por parte de Gilligan. Expone sus imágenes con un ritmo perfecto, apoyado en un guion alucinante que es tan interesante como profundo desde el primer minuto. La atmósfera de suspenso que se construye a través del diseño sonoro establece un estándar altísimo, dejando claro que estamos ante una narrativa que no necesita de enormes giros, o brutales escenarios para atrapar al espectador.
2 - La unión.
El dilema empieza a tomar forma y, con él, empezamos a ver las primeras grietas en nuestra protagonista. El segundo episodio nos permite observar cómo se desmorona la forma en que ella veía el mundo frente a la realidad colectiva que ahora habita, planteando la fragilidad de sus (nuestras) convicciones. Esta transición nos obliga a cuestionar si su resistencia es un acto de heroísmo o simplemente el miedo visceral de alguien que se aferra a un pasado que ya no existe.
3 - El hotel de hielo.
El tercero, es un hermoso capítulo que añade capas fascinantes a Carol a través de una dirección de arte tan pulcra como significante. La simbología es potente: ella está en una habitación helada, guardando un fuego interno (su capacidad de amar) que no sabe cómo expresar ante los demás o en este caso, su pareja. Aquí el dilema se invierte de forma magistral; mientras ella se convierte en un "hielo" compacto y deprimido, la calidez y el afecto parecen ser ahora propiedad exclusiva de una colectividad que ella percibe como extraña.
Imagen cortesia de: AppleTV
4 - Manousos.
Entramos de lleno en el dilema moral que hace que toda la serie avance: los Otros no pueden mentir bajo ninguna circunstancia. Esta honestidad absoluta, lejos de ser una virtud idílica, se convierte en un motor de tensión que redefine las reglas de la interacción humana. Al eliminar la posibilidad del engaño, Gilligan nos muestra que la verdad total puede ser una herramienta de control mucho más asfixiante y violenta que cualquier secreto. También nos enteramos de la existencia de alguien igual de reacio que Carol, un paraguayo aislado con unas convicciones extremas.
5 - El vacío.
En el quinto capítulo vemos a Carol traspasando sus propios límites morales para intentar encontrar una solución desesperada. La escena de todos llorando y pidiéndole perdón es tan turbia como real, revelando la verdadera naturaleza del conflicto. Ese gesto de arrepentimiento colectivo subraya que los Otros realmente no tienen buenas intenciones, operando bajo una lógica de asimilación que disfraza su crueldad con una piedad perturbadora.
6 - HDP.
Aquí se demuestra con una crudeza asombrosa por qué ciertas personas pueden llegar a vivir con tanta tranquilidad dentro de la "colmena". Es una exploración increíble sobre cómo la comodidad de la red neuronal seduce a los más débiles, recordándonos que la empatía humana siempre será fundamental para todos. A través de personajes secundarios brillantes, la serie analiza cómo el libre albedrío es a veces un peso tan grande que muchos prefieren canjearlo por la paz de la obediencia ciega.
7 - Silencio.
Posiblemente de lo mejor de la serie por su capacidad de narrar sin apenas diálogos. Todo se construye meticulosamente para llegar a un final desolador, humano y puramente devastador. Siguiendo el hilo del paraguayo y su forma de pensar, el episodio alcanza una pureza triste que eleva el duelo a una categoría cinematográfica superior, consolidando la desesperanza (o su contraparte) como el núcleo emocional del relato.
8 - Amor?
Sucede lo inevitable y lo más complejo de la trama: Carol empieza a creer que se está "enamorando" de Zosia. La profundidad de este vínculo es enorme, pues nos hace tener una empatía conflictiva por la situación y por la propia vulnerabilidad de Carol. Es un triunfo narrativo hacernos dudar de si lo que sentimos es una conexión genuina o si estamos siendo víctimas, junto a la protagonista, de una manipulación emocional perfectamente orquestada.
9 - La chica o el mundo.
El mejor capítulo de la temporada (empezando con una interpretación magistral de Darinka Arones, actriz peruana) y, posiblemente, el cierre perfecto para la primera temporada en una obra de este calibre. La construcción de la tensión es alucinante, llevando a Carol a un punto donde todo lo que se le opone termina por hacerla entrar en razón. La aparición de la bomba atómica al final funciona como un símbolo extremo de resignación, representando el último acto de una identidad que prefiere la extinción antes que la rendición definitiva, ¿o en realidad solo es una forma de que ambos entiendan el peso que cargan en la espalda?
Vince Gilligan y su equipo demuestran nuevamente la importancia y genialidad que ya venían demostrando con Better Call Saul, haciendo gala de una prolijidad envidiable para adentrarnos en mundos tan locos como reales y actuales. He de mencionar algo que resulta un poco obvio, la absoluta destreza actoral del cast protagónico y secundario, con un orgulloso toque peruano entre líneas contextuales. Esta primera entrega desemboca en críticas sociales del presente que, siento yo, se desarrollarán con mayor ferocidad en las próximas temporadas. Es una serie que espeja nuestras ansiedades modernas de forma magistral, y cuya continuación espero ya con una ansiedad absoluta.

