#AlEsteFestival | Teenage Sex and Death at Camp Miasma: La inspiración en lo inesperado
Fuente: MUBI
Todxs tenemos una película que nos marcó de por vida. Quizás más de una al mismo tiempo o una diferente en cada etapa, pero siempre una película. El cine de terror, aunque no sea el caso de cualquiera, nunca pasa desapercibido a la hora de impactar a la audiencia. A algunxs les dejó pesadillas que lxs torturaron por semanas, a otrxs la intriga de ir por más grito y visceras, y luego están lxs que, tal como la directora Jane Schoenbrun y la protagonista de esta cinta, encontraron una razón suficiente para querer dirigir y canalizar sus propios miedos.
¿Es “Teenage Sex and Death at Camp Miasma” una carta de amor al séptimo arte? Se podría decir que sí y listo, tienes la información necesaria para darle una oportunidad a penas esté disponible. Sin embargo, ya que esa síntesis está quemadísima, mi sentencia es que es una oda al slasher, a su trascendencia cultural y a su origen superficial pero que con el paso de los años ha logrado ser interpretado como un subgénero con un subtexto social y político significativo.
Al aceptar dirigir el reboot de Camp Miasma, Kris no solo ve una oportunidad de revivir una saga y dar salto cuántico en su carrera como cineasta, lo que en verdad busca es volver a conectar con aquello que la introdujo en el cine, honrar a la mirada de Billy, la protagonista de la primera película de la saga, la cual, en su momento, le ayudó a encontrar respuestas existenciales tales como aceptarse queer. Para ella, se trata de un reencuentro con el inicio de una historia que, ya de adulta, no sabe cómo continuar.
Fuente: MUBI
Schoenbrun es muy ingeniosa y divertida al representar la idealización de Kris hacia la película, usando recursos como el mix media que muestra los escenarios como una fantasía afiebrada, las autorreferencias y el comentario general satírico hacia la resurrección del slasher desde un enfoque más woke y, por ende, comercial para los grandes estudios. Se nota que más allá de rendir homenaje al subgénero, la directora quiso explorar la conversación que surge en los círculos cinéfilos y críticos alrededor de este, no para invalidarlo, sino para ironizar el hecho de que algo que nace desde la violencia y lo carnal, tenga hoy en día un estudio quirúgico a veces pretencioso.
Asimismo, creo que no se pudieron escoger mejores actrices para representar todo ese viaje sangriento e introspectivo. La dupla dota de carisma, sensualidad y reflexión esta película. Guillian Anderson no solo interpreta a Billy sino que se convierte en el “despertar queer” de Kris, por lo que su admiración y atracción están más que justificadas. Sin embargo, su relación es mucho más significativa: representa ese hilo invisible que nos une aquellos personajes o actorxs que fueron o son fundamentales para la historia que compartimos con el cine y cómo incluso ellxs mismos buscan entenderse bajo las frías luces del set.
El trabajo cinematográfico de Jane Schoenbrun se enfoca en inspirar para ser inspiradxs, crear para que otrxs sigan creando. Aquí, la identidad de la protagonista ya está establecida: se siente segura de su queernes, pero su autoestima todavía está en proceso de construcción. “Teenage Sex And Death at Camp Miasma” demuestra que es por medio de las películas que muchxs de nosotrxs anhelamos encontrar aquella escena, banda sonora, diálogo, frase o actuación que nos direccione para tomar el valor de avanzar en nuestra vida. O quizás estoy cayendo en lo mismo que la directora se burla, pero está bien porque me gusta sobreanalizar las cosas. Sea el caso o no, esta es una cinta que no deja indiferente. Puede parecer confusa por la entremezclada narrativa que opta, pero es un claro ejemplo de cómo honrar un género desde la emotividad y autenticidad.
Fuente: MUBI
Teenage Sex and Death at Camp Miasma se presentó como parte del Festival de Cine Al Este 2026.

